CUBA Raúl Castro y Díaz-Canel se ponen al frente de una marcha de exhibición de fuerza del castrismo

El Gobierno cubano ha organizado este sábado un "acto de reafirmación patriótica" para contrarrestar ante sus habitantes y ante el mundo el impacto del 11 de julio, una cadena de protestas espontáneas y masivas por todo el país. Para ello recurrió a su experimentado manual de marcha promovida y tutelada, siempre bajo la coacción y el empuje del Estado. Todo un clásico que se repite todos los años con la conmemoración del Primero de Mayo, que cuentan con la presencia "entusiasta" de trabajadores y estudiantes.

"Cesen la mentira, la infamia y el odio. Cuba es profundamente alérgica al odio", insistió Miguel Díaz-Canel, empeñado en retomar la iniciativa política tras el regreso forzado a la primera línea de Raúl Castro en la misma tarde del domingo. El General de Ejército también compareció este sábado ante miles de sus conciudadanos, quienes desde horas tempranas de la madrugada se fueron sumando en orden y disciplina desde los puntos convenidos por los organizadores. Además de las banderas cubanas destacaban las imágenes de Fidel Castro.

El presidente desplegó una serie de lemas ("El fulgor de la recuperación cubana nadie lo apagará", "Cuba es de todos") para fortalecer su mensaje, en contraste con la campaña de represión que persiste en la isla. Según José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rigths Watch (HRW), todavía se contabilizan 400 personas detenidas. Las fuerzas gubernamentales detuvieron o retuvieron por unas horas a miles de personas, en una operación que todavía proseguía este sábado. Las autoridades han prometido juicios justos, pero incluso una de las fiscales anunció en televisión que gritar "Patria y Vida" es un delito.

La realidad es que la marcha no ha tenido la contundencia de otros tiempos, incluso el diario 'Granma', órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), definió a los concurrentes como "un grupo significativo de habaneros". Telesur, con entusiasmo, aseguró que se congregaron hasta 100.000 personas.

Para evitar que contaran lo que sucedía entre bastidores, la Seguridad del Estado ha incrementado su cerco en torno a los periodistas independientes: a los que previamente ya impedían salir de sus casas se sumaron otros a quienes se avisó que no podían acercarse hasta el Malecón, lugar de la concentración.

Díaz-Canel ha deslizado en su discurso los habituales requiebros de amor y paz que usan las tres revoluciones (chavista, sandinista y castrista) para disfrazar su represión. En las últimas horas, el Movimiento San Isidro ha confirmado que Luis Manuel Otero Alcántara, uno de los símbolos de la protesta, será trasladado a la prisión de alta seguridad de Guanajay desde el centro penitenciario VIVAC, donde se encuentra ahora encerrado bajo la acusaciones de atentado, resistencia y desacato. La Seguridad del Estado arrestó al artista muy cerca de donde el sucesor de Raúl Castro encabezó la concentración oficialista, cuando intentaba sumarse a las protestas en el Malecón habanero del domingo pasado.

"Es lo que harán siempre: solapar el momento con la retórica del bloqueo y el enfrentamiento entre "revolucionario" y "contrarrevolucionario". Muy decepcionante, pero no sorprendente", constató para EL MUNDO.es Henry Eric Hernández, escritor y miembro destacado del Grupo del 27-N, surgido el año pasado durante la protesta de intelectuales frente al Ministerio de Cultura.

En las horas previas a la concentración, Díaz-Canel recibió a la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, enviada a La Habana por Nicolás Maduro para mostrar el respaldo total entre revoluciones "hermanas". A la hora en que se produjo el encuentro, emitido en televisión, el régimen castrista ponía en marcha su maquinaria para llenar el Malecón con adeptos y obligados, para los que sí se usaron transportes como autobuses, tan difíciles de encontrar en sus calles. Una filtración realizada por estudiantes de la Facultad de Matemáticas al portal CiberCuba confirmó lo que ya todo el mundo sabe en la isla por experiencia propia. El Claustro de la Facultad presionó a los estudiantes para que asistieran en apoyo de Díaz-Canel y las reacciones no fueron, en su mayoría, favorables a la revolución.

"Lo que no me gusta de estas manifestaciones por parte del gobierno es que no son espontáneas. De 100 jóvenes que ves en la calle apoyando la revolución, puedo decir que más de 60 son por peticiones tipo la que se acaba de hacer aquí", señaló uno de los estudiantes, que encontró eco entre sus compañeros.

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