Palma chilena pasa de 120 mil a dos millones y medio de ejemplares

“Ha existido una fuerte disminución en el número de individuos de Jubaea en los últimos 500 años. Se estima que la población se ha reducido en alrededor de un 98%, desde 5 millones de árboles hasta solamente 124.000”, señala el libro Plantas amenazadas del centro-sur de Chile de la U. Austral, sobre la situación poblacional de la palma chilena (Jubaea chilensis).

Este es el nivel poblacional tenía esta especie nativa en 1997, cuando el ingeniero UC y empresario Mauricio Moreno Rojas, hoy fallecido, decidió crear la Fundación para la Recuperación y Fomento de la Palma Chilena (Furpach), un organismo sin fines de lucro.

Para rescatarla se creó un vivero ubicado en las más de 1.000 hectáreas protegidas que tiene en la Reserva Ecológica Oasis de la Campana, en la Región de Valparaíso. En dos décadas han reproducido 2.500.000 ejemplares y en los próximos 20 años espera llegar a 5.000.000, el nivel que tenían al momento de la llegada de los españoles a Chile.
“Proyectamos la producción de otras 2.500.000 millones de palmas en las próximas dos décadas”, dice Mauricio Moreno Sagredo, director ejecutivo de Furpach e hijo de Moreno Rojas.

“Llegué a trabajar con la palma chilena, porque con mi padre compramos un terreno en un remate que colindaba con el Parque Nacional La Campana, y a medida que pasó el tiempo y fui empapándome de la zona y las especies, me di cuenta que era una especie que había sido muy abundante y sólo quedaban unas pocas poblaciones fragmentadas y muchas de ellas en mal estado. De ahí partió la cruzada por tratar de salvar esta especie de la extinción a través de la reproducción en el vivero”, agrega.

Esta especie llegó a niveles tan bajos porque se cortaron indiscriminadamente para producir miel, a lo que se sumó la acción de los incendios y los depredadores, como vacas y conejos, que se comen las especies más pequeñas.

“Uno no puede pensar en explotar un recurso natural sin darle una sustentabilidad al proceso, y no esperar un resultado, como en este caso, la extinción”, advierte Moreno, quien además es presidente de Así Conserva Chile y miembro del Consejo Consultivo del Bosque Nativo.
Distribución

La palma chilena es un árbol que puede vivir más de mil años. Crece unos 8 centímetros anuales y entre los 40 y 80 años llega a su madurez sexual. Para elevar su número, la fundación recolecta los coquitos o frutos que produce esta especie nativa, los que luego se pelan y se humedecen para aumentar su tasa de germinación.

“Las palmas producidas por el vivero han sido regaladas, vendidas o donadas a instituciones públicas y privadas, a municipalidades y parques. Se han fundado palmares en Isla de Pascua, y en predios privados en la zona central de Chile”, detalla Moreno.

También se han exportado ejemplares a jardines botánicos en Francia, Holanda y España, entre otros, y este año se fundará un palmar en Parque Mahuida, de La Reina, y se reforestará con palmas y otras especies en áreas afectadas por incendios en la Región de Valparaíso.

Al margen de lo que se ha producido en viveros, las concentraciones más grandes de palmas están en el Parque La Campana, de la Región de Valparaíso (80 mil ejemplares), y el Parque Cocalán, en la Región de O’Higgins (35 mil ejemplares).

Moreno dice que todo lo han hecho con “cero aportes de fondos públicos”, y los recursos provienen de familiares y de los propietarios de la Reserva Ecológica Oasis de la Campana, que a través de sus gastos comunes, contribuyen a cuidar los terrenos de la fundación, que cuenta con dos profesionales de la U. Mayor a cargo de la coordinación de la conservación y recuperación.

¿Cuándo podría salir de su estado de vulnerabilidad? Moreno dice que eso lo dirán los científicos. “Ya hemos tenido conversaciones previas para fijar los criterios y estamos actualizando el registro de cuántas palmas hay en Chile, dónde están y en qué estado. También hemos revisado las publicaciones que hay al respecto, para preparar bien los fundamentos de la presentación al Ministerio de Medio Ambiente”, señala.

Charif Tala, jefe del Departamento de Conservación de Especies del ministerio, conoce el trabajo de la fundación y explica que para que para que una especie cambie de su estado de conservación primero tiene que haber un proceso formal de reevaluación, a cargo de un comité de clasificación de especies que coordina el ministerio.

En 2008, fue la última vez que la palma pasó por este proceso y quedó en la categoría “vulnerable” debido a que en los últimos 300 años la población había disminuido un 50% en su área efectiva de ocupación.

Tala agrega que si bien el número de ejemplares de la fundación es alto, el comité debe evaluar en dónde fueron plantados. “Si lo que se está haciendo es restaurar zonas de palmares donde las palmas desaparecieron eventualmente podría cambiar la situación, pero eso hay que evaluarlo”, dice Tala, quien adelanta que es probable que la palma sea reevaluada en 2018, según lo que le ha manifestado la fundación.

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